Jonathan Baldock

Aún aprendo

9 Jul - 26 Sep

Aún aprendo / I’m still learning es el tercer episodio de Un rastro involuntario, el ciclo expositivo que comisaría This is Jackalope en la Sala A durante 2021.

  • ComisariasThis is Jackalope: Gema Melgar y Cristina Anglada
  • SalaA
  • ColaboraStephen Friedman Gallery, Londres

Aún aprendo es el título de la exposición del británico Jonathan Baldock en La Casa Encendida. El artista toma como punto de partida el dibujo de Goya del mismo nombre (Aún aprendo), que muestra a un anciano que camina a duras penas sostenido por dos muletas. Esta imagen nos sitúa en primera instancia en la voluntad y necesidad de seguir aprendiendo frente a las carencias de la vejez, pero también al sentimiento de humildad al que nos traslada, y que, en la visión de crisis humano-céntrica del mundo actual, acentúa la urgencia de adoptar una posición de escucha frente a la naturaleza. Baldock presenta aquí una realidad alternativa desde la que recuperar la habilidad de conectarnos con los elementos, sincronizarnos de nuevo con el entorno natural y, por extensión, con nuestro planeta. Aún aprendo es un escenario imaginado, queer, situado en otro espacio-tiempo, que nos adentra a un universo de sanación.

¿Cómo plantear una nueva relación con nuestro planeta, más allá de la marcada por los usos y abusos generados para el disfrute y el empoderamiento humanos? En Plant-Thinking: A Phylosophy of Vegetal Life, Michael Marder –filósofo ligado al pensamiento medioambiental– nos increpa a revisar el concepto de objetividad, acercándonos al pensamiento vegetal y proponiendo la noción de fitocentrismo: abordar la vida en relación con lo inorgánico, atendiendo a las comunidades de crecimiento trans-especie y/o trans-reino. En La vida de las plantas, Emmanuele Coccia nos propone aprender de ellas, sobre todo en cuanto a su capacidad para adherirse al mundo que les rodea.

No solo se da una reivindicación de la naturaleza, sino también de otros ritmos y otras temporalidades, más allá de los marcados por la productividad y la eficiencia, o su desarrollo lineal propulsado hacia un futuro marcado por el desarrollo y supuesto crecimiento infinito. Trabajar lentamente durante largos periodos de tiempo nos lleva no solo a una estrecha afinidad con los propios materiales, sino también a una sanación íntima y comunitaria. Existe en esta muestra una clara intención de conectar con la tierra y sus tiempos a la vez que nos replantea nuestro lugar en el mundo.

Las piezas en exposición han sido realizadas de forma artesanal con materiales naturales (arcilla, arpillera, cera de abeja, agua, vidrio soplado a mano, madera) con el ánimo de facilitar estas experiencias materiales a través de los cinco sentidos y los cinco elementos. Un abanico de fieltro que representa el aire, una marioneta de vidrio soplado, suspendida en la sala, sostiene el agua en las partes de su cuerpo a modo de vasos; una vela de gran tamaño encendida que escucha con un par de orejas humanas fundidas trae el fuego al espacio; los tonos de las distintas arcillas utilizadas para los cinco taburetes que representan la tierra, a la vez que cada uno encarna a un sentido (de acuerdo a la clasificación aristotélica); dos grandes ojos dorados observan la interacción entre las obras y el espectador representando el éter (el quinto y más poderoso elemento, muchas veces representado como una deidad).

La Sala A de La Casa Encendida queda bañada por un sonido y un olor, que de nuevo apelan a nuestros sentidos. Por un lado, un paisaje sonoro diseñado por Luke Barton que reproduce murmullos casi indistinguibles y zumbidos abstractos que dan voz a los objetos y materiales orgánicos, creando a su vez conversaciones entre ellos. Alex Margo Arden, por su parte, ha diseñado una suave sombra de olor inexplicable compuesta por la mezcla de 42 productos químicos sintéticos, basada en relatos encontrados en foros de Internet dirigidos a la comunidad interesada en lo paranormal.

El espacio expositivo se activa en la inauguración con una performance de Baldock junto a su colaborador, el también artista Rafal Zajko; ataviados ambos con trajes ceremoniales y tocados que agrandan y distorsionan las proporciones humanas, asumen los roles de cuidadores de los seres elementales congregados en la sala.

Atravesamos una época donde se identifican corrientes que apelan a un rechazo del mundo guionizado y excesivamente simplista y racional que nos condiciona. La reivindicación de los márgenes y su oscuridad se hace evidente, unida a la búsqueda de una manera alternativa de conocimiento, trazando nuevas trayectorias entre el pensamiento antiguo y la creación contemporánea. Esta potencialidad o posibilidad de explorar otras realidades y mundos alternativos conecta con lo queer. Baldock nos guía por un espacio temporal, imaginado, teatral e inmersivo en el que diversas encarnaciones simbólicas de los elementos actúan como vasos comunicantes que exploran nuestras relaciones potenciales y pasadas con la tierra y la naturaleza mediante la creación de un espacio en el que las reglas de este mundo ya no tienen validez.

Jonathan Baldock (1980, Kent, Reino Unido) vive y trabaja en Londres. Su obra toma a menudo una forma biográfica abordando temas como el trauma, el estrés, la sensualidad, la mortalidad y la espiritualidad alrededor de nuestra relación con el cuerpo y el espacio que habita. En su práctica trabaja en múltiples plataformas incluyendo escultura, instalación y performance. Entre sus exposiciones individuales, destacan: Me, Myself and I en el Kunsthall Stavanger (Noruega, septiembre de 2020);Facecrime (suspect) en Stephen Friedman Gallery (Londres, julio de 2020) y Facecrime en el Camden Arts Centre de Londres (septiembre de 2019), que itineró posteriormente a Tramway (Glasgow) y en Bluecoat (Liverpool).

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